Tu Puedes. Yo te acompaño

 

Isabel Jiménez
Terapeuta Gestalt / Coach
Tel.: 659 688 123
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Sueños pendientes

Aquel sábado por la tarde del mes de junio del 1987, estaba en casa, practicando el precursor del “zapping”, ya que entonces el mando a distancia aún no se había adueñado de nuestros hogares. Había que levantarse y explorar pacientemente todos los canales, unos cuantos menos que ahora, hasta encontrar algo soportable para acompañar la siesta.

No había nada muy interesante, así que opté por dejar la transmisión del partido de final de Roland Garros, entre una desconocida de diecisiete años, Arantxa Sánchez Vicario, y la gran Steffi Graf. “Uy, pensé, que mal lo tiene la Arantxa… Sí, vale, ha llegado hasta la final, pero debe ser que ha tenido suerte, ahora la Steffi se la comerá cruda…” Y fueron cayendo los juegos… primer set: 7-6 a favor de Arantxa. Increíble, el enorme tesón de esa mujer, y algún golpecito de suerte… Segundo set: 3-6 a favor de Steffi; bueno, sabía mal pero era lo esperado. Imposible dormir la siesta, a pesar del previsible desenlace cada punto era una lucha heroica que hacía subir la adrenalina y la temperatura ya elevada.

Tercer set… en una tercera manga agónica, mágica, vibrante, Arantxa ganó el partido por 7-6, 3-6 y 7-5. Que tarde!!

Aquel día me aficioné irremediablemente al tenis y empecé a seguir los torneos televisados. Alguna vez llegué incluso a levantarme de madrugada para seguir la final del Open de Australia.

Recuerdo partidos apasionantes, con Sergi Bruguera, Conchita Martínez, Alberto Berasategui, Pete Sampras, Andre Agassi, Jim Courier, Boris Becker y los más recientes Novak Djokovic, las hermanas Williams, el grupo de las guapas rusas, Roger Federer y cómo no, mi admiradísimo Rafael Nadal.

Años y años vibrando y saltando con el tenis televisado, viendo hombres y mujeres entonces vestidos de blanco manejando la raqueta con maestría.

Pero jamás se me ocurrió jugar a tenis.

Eso no era para mí. Yo ya era demasiado mayor, no iba a poder, las pistas estaban muy lejos, practicar tenis era muy caro, de dónde iba a sacar el tiempo, el tenis es un deporte de élite reservado a los habitantes (más o menos pijos) de los barrios altos de la ciudad… probablemente me deje alguna creencia más, el caso es que iba diciendo - y no solo en broma - que para mi próxima reencarnación me pedía una vida de tenista top-ten, y poder jugar todo lo que no había podido jugar en esta vida.

Cosas de la vida, en abril 2006 la convivencia que mantenía con mi pareja de entonces llegó a su fin y me tocó mudarme. Tuve la suerte, en plena época de alquileres desbocados, de encontrar un bonito piso asequible, soleado, con un gran balcón que justo daba a… las pistas de tenis del Club Natació Sant Andreu.
Se puede soñar mayor suerte para una fanática del tenis? Bueno, no estaban allí las mejores raquetas del planeta pero así y todo podía disfrutar de partidos intensos.

Y seguía diciendo: el tenis no es para mí, ya soy muy mayor, no tengo tiempo, para mi próxima reencarnación me pido una vida de tenista top-ten

Un día, mi buena amiga Pilar, escuchando mi eterno deseo para mi próxima vida, me dijo: “Oye, y porqué no empiezas en esta vida? Por si acaso no te dan tu deseo para tu próxima vida? Y si te lo dan, al menos ya llegas un poco entrenada.”

Vaya simplicidad, verdad? Imagino que a los estudiosos de la ley kármica les parecerá un razonamiento de lo más erróneo, pero… surgió efecto!!

Estuve meses a la espera de poder comprar uno de los muy preciados y raros títulos del C.N. Sant Andreu, al que no se puede acceder si no se es socio. Quien me vendió su título me regaló una raqueta y varias bolas nuevas. Me compré todo el atuendo: esa faldita tan rara con pantalón incorporado y sin bolsillos (con lo bien que iría tener bolsillos!! Porqué los hombres sí tienen y las mujeres no? Misterio que no he podido resolver aún.)

Y con todo el equipo, me apunté a mi primer curso de tenis. Aaaahhh, como disfruté de esos primeros raquetazos tan torpes, con que pasión escuchaba las explicaciones técnicas, con cuanta ilusión me enfrentaba a los primeros juegos, en los últimos minutos de la clase, en los que con un poquito de suerte, ganaba algún punto!!

Seguí tomando clases y jugando regularmente los domingos por la mañana, con mis buenas compañeras Aurora y Carmen, infinitamente más avanzadas que yo. Sufrieron con paciencia mi torpeza durante meses y meses, animándome siempre y ayudándome a progresar - aunque sin jamás regalarme un punto!

Pero lo importante no es ganar… lo importante es llegar a la pista, empuñar la raqueta y perseguir la bola, correr, reír, intentar voleas que se estrellan contra la red, volverlo a intentar, sudar el estrés acumulado de la semana, sentir la vitalidad de mi cuerpo, la fuerza de mis piernas, el sol intenso o la mordedura del frío… ver los progresos, seguir aprendiendo, probar lo mismo cincuenta veces, cien veces, trescientas veces, constatar la mejoría, a veces frustrarse en un día especialmente malo, y… volver a empezar.

El pasado junio - 22 años después del primer Roland Garros de Arantxa Sánchez Vicario, me apunté al torneo “Les 12 hores” del club, una competición por equipos. Cada miembro del equipo tenía que jugar 3 partidos individuales y tres dobles, cada juego ganado sumaba puntos para el equipo. Y…. mi equipo ganó la competición!!! Recibí mi primer trofeo de tenis, a mis casi 47 años, yo, que he empezado a jugar a tenis a las 45 años y que siempre había pensado “No, si el tenis no es para mi, a mi edad”….

Si os preguntáis cuál fue el premio monetario de ese trofeo, os diré que no ganamos las fortunas que se embolsan los top-ten; pero fue un día divertido, lleno de compañerismo, risas, diversión, concentración también, lucha, tesón…

Sí, yo también puedo jugar a tenis. Encuentro tiempo, es asequible, lo tengo cerca de casa, la gente es maja (y quizás haya algún pijo también, pero la convivencia es buena!), a veces juego con las veteranas y me dan una lección de tenis, generosidad y paciencia, y mi gran amigo Manolo, campeón del club, me imparte clases magistrales en las que básicamente nos reímos mucho de mis pretensiones y de mis torpezas.

Hay una VERDAD elemental cuya ignorancia destruye incontables ideas y espléndidos planes:

Cuando alguien se compromete definitivamente, la Providencia también hace lo suyo.

Empiezan a producirse las cosas más variadas que ayudan, cosas que de otro modo nunca se hubieran producido….

Todo lo que puedas hacer, todo lo que sueñes que puedes hacer, empieza a hacerlo.

La valentía tiene ingenio, poder y magia.

Empieza a hacerlo; ahora.
Goethe.

Con esta pequeña anédocta personal, deseo animarte a que te atrevas a vivir tus sueños.

Ponte en marcha, prueba, busca aliados, proponte disfrutar con el experimento, ve la lección en cada fracaso, que el camino sea la meta, que te sientas energetizado, que la pasión sea mayor que la pereza, las creencias erróneas, los prejuicios y el desánimo…

No seré tenista top-ten en esta vida, y quizás tampoco en la próxima; pero mi hora de tenis es sagrada, me siento como la niña que salía corriendo a jugar al patio del recreo cuando, al fin, era la hora de jugar.

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