Nuestras intenciones al relacionarnos

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Nuestras intenciones al relacionarnos

Uno, los dos estamos conscientes de que siendo la monogamia algo socialmente impuesto, se necesita mucho más que buenos deseos y fuerza de voluntad para mantener el acuerdo de exclusividad en el sexo. El amor por sí solo tampoco es suficiente. Necesitamos poner más atención el uno en el otro, necesitamos variedad en nuestra sexualidad, necesitamos buscar formas de mantenerla fresca y viva. Una de ellas, por ejemplo, es el sexo tántrico propuesto también por Osho. Esa es parte de nuestra investigación como pareja ahora.

Dos, nuestro acuerdo de exclusividad no es impuesto, es una elección. Y no uso la palabra monogamia porque eso implica cerrar tu corazón a todos los demás. Yo tengo el corazón abierto para amar plenamente a tanta gente como sea posible, tengo amistades entrañables con mujeres y hombres, incluso con mis exparejas; todas ellas saben que amo a mi mujer profundamente y está claro que es con ella y solo con ella con quien comparto la intimidad sexual. No estoy dividido, necesito expresar mi amor por mi pareja, por la naturaleza, por los animales y por todas las personas con las que interactúo. En mis talleres es común que abrace con amor a los participantes sin importar su género, y les diga que son hermosas o hermosos y que los quiero, porque siento genuino amor por ellos. Y mi pareja tiene la libertad de hacer lo mismo. Yo no quiero que ella me ame solo a mí. Quiero que ella ame a sus amigos y amigas, que los ame tanto como pueda. 

Tres, nos damos espacio. Tanto espacio como necesitemos. Cuando estamos juntos nos unimos profunda e íntimamente. Cuando no estamos juntos, cada quien se ocupa de sus asuntos y es libre de hacer lo que le venga en gana. Respetando obviamente el acuerdo de exclusividad en lo físico. No hay necesidad de preguntas, explicaciones ni de estar espiando al otro.

Cuatro, no tenemos un compromiso. Lo que nos une es el amor que cuidamos todos los días como se cuida una flor: con acciones amorosas lo mantenemos, siendo amables el uno con el otro, estando atentos a nuestras mutuas necesidades, compartiendo nuestros “secretos”, siendo cómplices en nuestra búsqueda, nuestras aventuras y nuestras travesuras. Cada día al despertar, agradecemos y celebramos el amor y el deseo de estar juntos que es lo único que nos une.

Date cuenta de que el amor que sientes y la atracción física por el otro son regalos maravillosos. No son algo que tú puedas hacer o decidir. Decir “yo amo” es como decir yo circulo mi sangre. El amor y la atracción se dan espontáneamente y no hay forma en que tú decidas o provoques ni uno ni otro. Si se dan ¡qué bendición! Si no se dan, aunque te pares de cabeza. De alguna manera, tanto el amor como la atracción sexual son algo que se da también a través de ti.

A través de ti, la vida se ama a sí misma y se deleita con la multitud de sus formas. La vida es una sola y se divide en opuestos que, al buscar su complemento se atraen mutuamente.

Cinco, estoy plenamente satisfecho. Después de conocer a varias mujeres todas diferentes, después de experimentar diferentes formas de relacionarme, unas profundas, otras superficiales, ahora sé perfectamente qué es lo que quiero. Ahora sé sin lugar a dudas que mi mujer es la única mujer que quiero o necesito. Que ella es un misterio que me tomará lo que resta de mi vida siquiera empezar a conocer. Que en ella se contienen todas las cualidades femeninas, toda la belleza, la dulzura, la suavidad, la ternura, la paciencia. Que al amarla a ella amo a todas las mujeres ¿Lo ves? Además, ¿sin un punto de comparación cómo podría estar tan seguro ahora de que ella es mi mujer? Y no hablo de que me pertenece sino que la reconozco como mi complemento, ella y solo ella es mi mujer y yo soy su hombre. ¿Qué podría yo buscar físicamente en otra mujer? ¿Unos senos más grandes, unas nalgas más firmes, unos ojos más claros, un pelo más sedoso? Todo eso es hermoso, por supuesto y disfruto de verlo, no soy un santurrón. Pero tengo bien claro que lo que me importa a mí es la profunda intimidad que tengo con ella, que eso es algo que valoro tanto, que me llena de tal manera, que he decidido no hacer nada que pudiera afectarlo.

Seis, no estamos juntos para ser felices y ninguno de los dos es responsable de la felicidad del otro. Estamos juntos para crecer, para aprender, para ser un espejo, un maestro el uno para el otro. Estamos conscientes de que no es ella ni soy yo el que produce felicidad en el otro.

El estar juntos nos pone en contacto con la dicha que es intrínseca anuestro ser.

Yo no la hago feliz sino que le recuerdo que, en efecto, su naturaleza es ser feliz, y ella me ayuda a recordar lo mismo. Y de esta forma no nos necesitamos. Por supuesto que hay apego en nuestra relación, no somos perfectos y hacemos un esfuerzo diario por no criticarnos, por aceptarnos tal y como somos, y cada que se nos olvida, amorosamente nos lo recordamos.

Siete, la nuestra no es una relación convencional ni definida; más que una relación es un “relacionarse”, estamos inventando juntos, día a día, una forma de amarnos más auténtica, más libre, más profunda, más respetuosa, más honesta. No basada en lo que dicta la sociedad y mucho menos la moral, sino en lo que demanda el presente, en lo que se adecua a nuestra forma de ser y a nuestras personales y únicas necesidades en cada momento. 

Del libro: A través de ti, de Anand Dívar.

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